Y los niños crecen con ojos profundos,
Que no saben nada, crecen y mueren,
Y todos los seres humanos siguen su camino.

Y de los frutos amargos el dulce se vuelve
Y caen de noche como pájaros muertos
Y mentir por unos días y estropearlo.

Y siempre sopla el viento, y una y otra vez.
Escuchamos y hablamos muchas palabras
Y sentir la alegría y el cansancio de nuestros miembros.

Y las calles corren a través de la hierba, y los lugares
Están aquí y allá, llenos de antorchas, árboles, estanques,
Y los amenazantes, y los marchitos mortales…

¿Para qué se construyen? Y se asemejan
¿Nunca el uno al otro? ¿Y son innumerables?
¿Por qué cambia la risa, el llanto y el blanqueamiento?

¿De qué nos sirven todo esto y estos juegos?
Que somos grandes y eternamente solitarios
¿Y vagabundear sin buscar nunca metas?

¿De qué sirve si has visto tantas cosas así?
Y sin embargo, el que dice «tarde» dice mucho,
Una palabra de la que fluyen la profundidad y el dolor

Como la miel pesada de los panales huecos.

 

(H. v. Hofmannsthal)