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“Conozco el mar como bañista, como marinero y como pintor. Es como pintor lo que más me gusta”. (Raoul Dufy)

 

Durante su vida, el pintor Raoul Dufy fue primero impresionista, luego fauvista y cubista. Nació en 1877 en Le Havre, en Normandía. Las playas de arena fina y la luz excepcional inspiraron su pintura. Aunque le gustaba viajar mucho, la Côte Fleury seguía siendo su tema favorito. Sus cuadros están fuertemente determinados por el “principio Lumière-Couleure” en todas las fases creativas. Este principio de luz y color le permite crear un gran número de cuadros alegres y divertidos. Por ello, en nuestro país vecino, Francia, se le apoda con razón el “pintor de la alegría y la felicidad”. En Trouville, en el Canal de la Mancha, observó con sus ojos de artista el incipiente turismo balneario, pero también la pesca y la naturaleza aún intacta.

 

Al principio, siguiendo los pasos de Caillebotte y Monet, se entregó por completo al impresionismo. La luz especial de Normandía es ideal para representar el agua, el aire y lo que está en medio: la línea del horizonte. Pinta a los veraneantes con ropa cómoda pero elegante y se enamora de los numerosos muelles de madera sobre el agua, que dan estructura a sus obras. Se crea el famoso cuadro “Playa y muelle de Trouville”.

Con el tiempo, sin embargo, se sintió limitado por esta mera reproducción de lo que había visto, y a partir de 1905 se interesó por el fauvismo. Los colores brillantes le fascinaron y apartó la mirada del mar. Ahora pintaba escenas urbanas. Trouville cambió durante la Belle Époque, se animó. Los carteles publicitarios cuelgan por todas partes e incluso las vallas están cubiertas de letras. Su cuadro “Carteles en Trouville” es un testimonio de esta época y de su placer por la observación: evidentemente, estaba fascinado por la ciudad moderna.

 

Siguiendo los pasos de Cezanne, Dufy se sintió finalmente atraído por el sur de Francia. Allí creó cuadros con las típicas formas cubistas, apretados y llenos de colores vivos.

En los años 20 lo encontramos de nuevo en Deauville, la ciudad vecina de Trouville. El balneario era muy popular entre la aristocracia y la élite intelectual. Bailarines, pintores y escritores se reunían aquí, a menudo en el Hipódromo.

Los movimientos de los caballos y los jinetes fascinaron a Dufy y le llevaron directamente a sus cuadros más famosos. La luz, el color, el movimiento, las líneas de los cuerpos individuales… todo ello lo combina en un ciclo de pinturas único, colorido y lleno de vida.

 

“Los pintores sólo pueden nacer en un clima marítimo”. (Raoul Dufy)

 

(A. W., inspirado en el reportaje “Qu’elle est belle la Normandie de Raoul Dufy”).