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Colbert comenzó como administrador de bienes privados del Cardenal Mazarino y se convirtió en su mano derecha. Con un virtuosismo sin precedentes en su época, manejó facturas, expedientes y correspondencia, lo que lo convirtió en el hombre mejor informado de Francia, hecho que explotó sin escrúpulos en su ascenso.

 

Se convirtió en Ministro de Finanzas en 1661 y en pocos años tuvo una increíble riqueza de poder en sus manos. Fue “Ministro” de Construcción, Finanzas, Comercio y Transporte, Marina, Colonias, etc. Sólo Luis XIV estaba por encima de él y el ejército permaneció fuera de su control.

 

Su política económica, llamada mercantilismo o colbertismo, sigue siendo válida hoy en día. El objetivo más importante era aumentar la riqueza del respectivo gobernante.

Con el fin de evitar importaciones costosas, reforzó la producción en Francia mediante el establecimiento de fábricas y el asentamiento simultáneo de especialistas extranjeros. También redujo los derechos de exportación y reformó el sistema tributario. De esta manera aseguró un superávit en las finanzas e hizo de Francia el estado más rico de su tiempo.

 

Sin embargo, cuando Colbert se atrevió a reprochar al Rey Sol por gastar demasiado en la cancha, cayó en desgracia y perdió todos sus puestos.

Sus últimas palabras estaban supuestamente relacionadas con Luis: “Si hubiera hecho tanto por Dios como por este hombre, me habría salvado diez veces”.