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Se dice que a los grandes artistas se les ha dado el don de crear historias que perduran durante siglos sólo por el poder de sus pinceladas.

 

Uno de ellos, conocido por describir los horrores del dominio extranjero napoleónico en su obra tardía, es Francisco José de Goya y Lucientes, nacido en España en 1746.

Como servidor del rey, uno de sus deberes era diseñar tapices para la residencia de la familia gobernante, que sigue siendo una de las más bellas de su clase en la actualidad.

 

Para ello realizó pequeños bocetos al óleo y luego los elaboró en imágenes de gran formato que sirvieron de base para los tejedores reales.

El “Niño sobre un carnero” forma parte de una serie para decorar el comedor del Príncipe de Asturias.

 

Los grandes paneles de la sala muestran el Four Seasons, un tema más tradicional. Pero en los pequeños paneles sobre las puertas, Goya podía dejar volar su creatividad e inventó escenas en las que representaba el mundo de los niños de una manera refrescantemente natural.

El cuadro del jinete fue pintado entre 1786 y 1787. Con un telón de fondo que, a pesar de sus colores cálidos, parece un telón de fondo, el niño y su animal destacan en una vivacidad que da testimonio del arte de Goya de tratar a las personas.

 

Esta pintura no es quizás la obra más grande y popular de Goya, pero muestra los maravillosos resultados de los colores más simples y las pinceladas más austeras en manos de un maestro.