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En el simbolismo cristiano el número tres juega un papel importante, pienso por ejemplo en los Tres Reyes Magos o la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

Por eso se suele suponer que el proverbio “Tres son todas las cosas buenas” tiene raíces cristianas o puede remontarse de alguna manera a la religión cristiana.

Pero en realidad, la raíz de este dicho se encuentra en otro lugar.

 

Para entenderlo, debo dar un paso atrás y hablar brevemente de Europa a finales de la antigüedad.

Era la época de las tribus germánicas, que en aquellos días se asentaron en grandes partes del norte de Europa y que, a diferencia del Imperio Romano, no tenían una organización estricta bajo un gobernante absoluto.

Sus tribus eran asociaciones bastante sueltas de hombres libres que, aunque se reunían bajo un príncipe o rey, nunca les concedieron el derecho de un gobierno absoluto.

Más bien, era costumbre celebrar reuniones para todos los asuntos importantes, desde las decisiones políticas hasta la administración de la justicia, a las que se invitaba a todos los hombres de una región y a las que se votaban los asuntos de la tribu en pie de igualdad.

 

Estas reuniones, llamadas Cosa (Cosa es el nombre más antiguo, más tarde, especialmente en el sur de la actual Alemania, se llamaban Ding) se formalizaron estrictamente.

Siempre tuvieron lugar al aire libre (a menudo bajo árboles especialmente seleccionados), normalmente en una cresta y siempre a la luz del día. Según varias fuentes, una Cosa siempre debe durar tres días (de nuevo el significado del número tres).

 

El historiador romano Tácito escribe en su libro “De origine et situ Germanorum” sobre el curso de una Cosa.

Según esto, el primer día se bebía mucho, para que los asuntos políticos y militares importantes pudieran ser discutidos lo más libremente posible bajo la influencia del alcohol.

Las decisiones, sin embargo, sólo se tomaron en los dos días siguientes, cuando los hombres estaban sobrios de nuevo.

 

Como ya se ha mencionado, también se hizo justicia en estas reuniones.

Para defenderse, el acusado tuvo la oportunidad de presentarse tres veces a la cosa y defenderse ante los jueces.

Si tampoco se presentó en el juicio la tercera vez, fue encontrado culpable en su ausencia.

 

Lo que significaba que el demandante había ganado automáticamente el caso.

A partir de lo cual, con el tiempo, se desarrolló el dicho “Todo lo bueno viene de tres en tres”. Al menos para el victorioso fiscal.