En 1806, Napoleón había conseguido, mediante una hábil maniobra, poner al gobierno prusiano en su contra y hacerle caer en la trampa de una guerra poco meditada contra él. En efecto, por el Tratado de París del 15 de febrero de 1806, Prusia se vio obligada a ocupar el Electorado de Hannover, que estaba unido a Gran Bretaña por una unión personal, y a prohibir al mismo tiempo a los ingleses el uso de sus puertos. Esto hizo que el gobierno británico les declarara formalmente la guerra. Napoleón, por su parte, ofreció a los británicos la devolución del Electorado en negociaciones secretas, lo que aparentemente no dejó a los prusianos otra opción que declarar la guerra al emperador francés el 8 de octubre de 1806 tras conocerse esta traición.

El 10 de octubre tuvo lugar la primera batalla cerca de Saalfeld, en la actual Turingia. Los franceses, bajo el mando del mariscal Jean Lannes, fueron capaces de reunir casi 23.000 soldados, mientras que en el lado prusiano el Cuerpo Hohenlohe, con 19.000 prusianos, y los aliados sajones, con 20.000 hombres, estaban preparados.

El día anterior ya se habían producido algunas escaramuzas insignificantes entre los ejércitos enemigos, que finalmente llevaron a los franceses a ocupar las alturas estratégicamente importantes del estrecho valle del Saale. Finalmente, el 10 de octubre comenzó a primera hora de la mañana con un cañoneo de varias horas desde las posiciones fortificadas. En el transcurso de la mañana quedó claro que los franceses (sobre todo debido a sus tropas curtidas en la batalla y a la ventaja de su posición) eran superiores a los prusianos y sajones aliados, y a primera hora de la tarde el príncipe Luis Fernando ordenó la retirada.

Esto se convertiría en una completa debacle: la caballería prusiana no pudo cubrir la retirada de su ejército y cuando las baterías de cañones también se empantanaron en un desfiladero, la derrota del ejército prusiano quedó sellada. Pues la caballería francesa supo aprovechar inmediatamente esta circunstancia y destrozó al ahora indefenso enemigo. En la huida precipitada se perdió toda la artillería prusiana y los aliados sufrieron casi 2.000 muertos y heridos, entre ellos el príncipe Luis Fernando, tercer hijo del príncipe Fernando de Prusia.

Aunque esta batalla no tuvo importancia para el curso posterior de la guerra, fue devastadora para la moral prusiana. Por ejemplo, en el continuo pánico, las tropas sajonas y prusianas se dispararon mutuamente en la noche del 10 al 11 de octubre, creyendo cada una de ellas que la otra era francesa, y sólo en el transcurso de los días siguientes la situación se calmó lo suficiente como para considerar una retirada ordenada.